Lo he decidido.
Este blog se cierra, después de dos años y medio de progresivo enfriamiento. Continuaré por estos derroteros tras coger la mala costumbre de escribir privadamente en el espacio público. Tengo que seguir en el balcon. Aunque no me lea nadie. Tan solo se trata de sentir la brisa del balcón: porque no me le nadie. Los lectores literarios siempre han sido mejores que los reales. Me refiero a la presión y exigencias de un otro que necesita y exige cobrar su satisfacción diaria. No se si en el diccionario eso se llama autocrítica, (de)presión o ambiciones de futuro, o tal vez simplemente futuro. Aquí hace tiempo que perdí a mi lector literario. Se fue y dejó tras de sí unos esporádicos comentarios de gente real que aprecio en su justa medida: primero poco, luego mucho, luego todo era cuestión de sexo. Ellos tan bien sabrán apreciar mi gesto de dejarles en paz momentaneamente. Volveré, os lo he dicho, pronto y con fuerzas renovadas. Pero no será aquí. Dejo las entradas para deleite de roedores.
Un saludo.
Dos extractos de GRISÚ, de ESTHER RAMÓN
Hace 37 minutos

