31.3.09

Un arte interesado

Hoy, en clase de Estética, intentando responder a la pregunta del profesor “¿Cuál es el fin de una obra de arte?” sugerí la posibilidad de que fuera el mero estar ahí, en el museo, lo que constituye su finalidad primera. Aquello no fue bien recibido. Propios y extraños se me echaron encima. Había una cierta evidencia imposible de verbalizar que todos conocían menos yo. En concreto una señorita que se sienta a mi lado comenzó a decir que NO repetidamente. Cuando le pedí que explicara el porque de su negativa dijo simplemente PORQUE NO, recurriendo en una circularidad que fue por todos tomada como buena. Fin de la discusión.

Todos sabéis las teorías kantianas de la obra de arte como una finalidad sin fin. Supongo que lo que mis compañeros defendían era esto mismo: una finalidad sin fin de un arte eminentemente desinteresado. Parto de esta afirmación para desarrollar lo que intentaba explicar con “la finalidad de una obra de arte es el estar ahí en el museo”. En mi opinión no existe algo así como un contexto del arte desinteresado en relación con el espectador, que pretende obtener una serie de impresiones sensibles, una cierta experiencia, evocación o reflexión. Tampoco en relación con el artista quien busca su propio interés y satisfacción, mediante el alivio de un cierto sentimiento, su provocación, o simplemente representación/reflejo de unas teorías estéticas y/o especulativas. Se dan también los casos de artistas que buscan la provocación o el dinero. Sea como fuere -es un tema muy amplio que no quiero desarrollar ahora, pues no es la base de mi tesis- algo claro es que la relación del ser humano con respecto de una obra de arte sucede en términos de interés subjetivo y no meramente desinteresado.

La obra de arte en cuanto tal tampoco puede considerarse desinteresada, no tanto porque provoque una serie de imágenes/percepciones/pensamientos en el espectador/autor, sino por su propia constitución, ya por si misma problemática. La noción de obra, tomada como objeto indiferente de las percepciones subjetivas que provoca, no preexiste a-priori en la percepción que tenemos de la realidad, ni tampoco es un concepto puro que no necesite de demostración empírica. De hecho, uno de los problemas inherentes a la obra de arte es su reconocimiento y constitución como obra de arte. No me refiero a su producción técnica sino a la aserción “esto es una obra de arte”. La obra de arte tan solo existe en tanto la reconocemos como tal. Esta es la principal distinción respecto del resto de los entes creados por el hombre (útiles, instrumentos).

Algunos podrían argumentar que en la Naturaleza ya se encuentran ciertos parámetros de belleza y plasticidad que asociamos a la obra de arte, incluso que la Naturaleza es una obra de arte. Desde luego, pero es tal desde el momento en que se le reconoce como obra de arte. Otros más heideggerianos dirán que la obra de arte pone de manifiesto la verdad en su carácter de ocultación. Desde luego. Esa verdad se identifica con el valor de verdad que otorgamos a la proposición “esto es una obra de arte”. Lo que nos oculta es la posible univocidad de esa aserción a lo largo de la historia, cosa que desconocemos debido al cambio al que se ve sometido la percepción estética de la realidad. En otras palabras: no podemos decir que una obra de arte sea eternamente como tal reconocida.

Es necesario hacer la siguiente apreciación a la afirmación kantiana. Subyaciendo al aparente desinterés, esto es, a la obra de arte en apariencia libre y desinteresada que se ofrece publicamente como una finalidad sin fin, se encuentra una finalidad constitutiva, esto es, que tiene el fin en la propia constitución y autoconfirmación de su ser-aquí como obra de arte. El arte tiene la finalidad en si mismo.

La obra de arte es tal cuando se reconoce en su esencia, que no es otra que ofrecerse a un público como creada, cuanto menos reconocida. Las obras de arte no son tal sin público, ni tampoco hay artistas sin obras de arte. El propio ser de la obra de arte, que es al mismo tiempo fundamento y finalidad de su existencia, es la creación de un espacio público, a través de su propio devenir público/universal de ciertas apreciaciones y conformaciones privado/subjetivas. Es mi opinión que este hecho de hacerse pública es por si observable en la propia materialidad de la obra de arte, que, en mayor o menor medida debe ser producida o, cuanto menos, teorizada. La produción de la obra de arte y su exposición crea un espacio de cultura. Se puede decir que en su conformación toda obra de arte tiende a ocupar su lugar común, no solo en tanto tópico y lugar referencial de la cultura, sino como elemento común de exposición pública. Aquí solo me refiero a las obras de arte plásticas, pero en otros campos esto es igualmente aplicable: la obra literaria conforma un espacio “de cultura” para una publicación posible, para una lectura posible en la propia fijación de la escritura. La estructura lógico-argumentativa de la escritura ya contiene de si potencialmente la posibilidad de ser leida, al igual que sucede de forma análoga en la exteriorización material de la obra de arte. La obra tiende, por su propia constitución, a adquirir una forma, esto es, su existencia se debe tan solo a aplicaciones formales sobre una materia. La materia es el diferente campo en el cual sea-ahí la obra. La forma su propia constitución como obra específica, que como vamos atisbando, consiste en publicarse, mostrarse. En definitiva y sin mas rodeos se puede concluir que el arte tiene el fin de mostrar, bajo la apariencia de sentimientos y razonamientos, la veracidad de la proposición que respecto de ella dice: esto es una obra de arte. El lugar donde esto sucede: el Museo. En otras palabras: el arte es el pedestal.

30.3.09

Pureza

la poesía pura la asesinamos entre todos

Elogio de las peluqueras



Las peluqueras
son algo maravilloso. Las defensoras de lo femenino. Operan sobre el falocrático cabello con una diligencia purgatoria que es una maravilla. Las peluqueras, de pie, con sus tijeras, amenazan con preguntas sobre el tiempo y la circunstancia. Es el último reducto de la filosofía peripatética. Lleva pinzas, orquillas y peines para ordenar, estructurar y fijar el objeto que precisa de definición (estética) a cada caso. Las peluqueras te hacen soñar con una inteligencia libre, con el corte del ramaje superfluo e innecesario. Los cráneos se liberan del follaje y surgen de la oscuridad del flequillo el chasis aerodinámico de las ideas. Por desgracia este corte, en la mayor parte de los casos, se realiza con una finalidad decorativa, suntuoso-idiotizante.

Esa es la exigencia del cliente comun, reprimir la función pensante del craneo en pro de una exhibición de las cabelleras que, o bien, oculte el rostro en una reclusión subjetiva, o bien lo despeje en un acto nominal de confirmación identitaria. Frente al corte autocrático que supone una liberación y fortaleza -este es el caso de las mujeres que se rapan la cabeza-, el corte de pelo por parte de otro supone el sometimiento a los procedimientos identitarios de la sociedad trival-tributaria de hoy día. Cuando alguien se corta el pelo subordina el ornato del rostro (que dicen es el reflejo del alma) a un juicio estético decidido por otro. Todo corte de pelo supone la inclusión (reclusión diría yo) a una tribu urbana a través del tributo a un arquetipo superior (cantante, futbolista, etc) No existe el corte de pelo puro sino por imitación de los miembros de un grupo social concreto. Esto no atañe a las peluqueras, que son mero obrero del andamiaje del cabello, mecánicamente cortando, mecánicamente acatando órdenes de otro.

Para mi la peluquería es el lugar del ejercicio pensante, el gimnasium del siglo XXI. Mens sana in craneo sano. Masajes, limpiezas, lavados, recortes, esteticismo y purgación... las manos de la peluquera se deslizan con violencia y sistematicidad, produciendo un torrente frígido, mecánico y plastificado de sensaciones.

Peluquera, mujer pública numero 1. Viva.

29.3.09

Crítica del recital de gris (I)

Ignacio Navas, alumno de Bellas Artes, tiene en la actualidad, y hasta el dos de abril la exposición de sus fotografías en la “lavapiesiana” asociación PIPO. Para la inauguración del evento acudió una avanzadilla del colectivo poético gris para realizar un recital que durante su ejecución fue ampliamente aplaudido y congratulado y que mas tarde se convirtió en polémico, en gran medida por la actuación de un servidor que ahora escribe estas líneas. De eso se ha hablado mucho y mal (de mí), con lo que satisfecho quedo.

Objetivamente hablando he de decir del recital que fue un evento completo y plural, donde se dio cabida a las mas que diferentes temáticas de los integrantes del colectivo. Gonzalo Acha y Pablo Álvarez recitaron primerizos y recitaron bien: el primero acometió con templanza sus emotivos poemas, con una gran reflexión sobre la soledad, la sociedad y el olvido, mientras que el segundo desplegó su ebria poesía de un madrileño amante amortizado, con momentos grandiosos donde el gesto acompañaba a la perfección al poema. Las circunstancias y el tono de voz parecían inmejorables, y como dice el mismo Pablo en un poema, “el público siempre quiso realizar una acción”: la de aplaudir. El inesperado pero agradecido Luis Orete recitó poemas en sueco y en español, estos últimos demasiado largos para la ocasión y el lugar. Terminó el recital con la intervención de Gonzalo Escudero quien se-paró la conciencia de lo bello y la reflexión crítica, obligando al público realizar un movimiento retrógrado de la realidad a las palabras, mediante el enfrentamiento y comprensión de la constitución etimológico-significativa del habla corriente.

El público ante todo atento y agradable tan solo mostró algunos momentos de desconexión telefónica hacia el final, después, hay que decirlo de una infatigable hora de bombardeo poético. El colectivo quedó contento y mas tarde decepcionado de la recepción reduccionista del evento (parecía que nada había sucedido). Todos coincidimos en que la nuestra es una poesía no recitativa, que alude mas al seso que al oído, que no aliena a través del sonido de las palabras al espectador, sino que propone un lugar de reflexión y significaciones.

Crítica a la exposición de Ignacio Navas (II)

El Limpiabotas. Ignacio Navas.
2008.


En cuanto a la exposición de Ignacio Navas he de asumir, como todo el mundo hace, la calidad y belleza de las fotografías, así como la prometedora proyección que puede tener la creación de Nacho. Es aun muy joven y todavía le queda mucho que leer, conocer y experimentar, pero está interesado en hacerlo y confiamos en que pueda llevar a cabo en un futuro lo que se propone. De buena mano sé que una de las grandes preocupaciones de su obra es la sociedad, que pretende plasmar a través de los contrastes entre el blanco y el negro, el retrato de una sociedad anónima, callejera, en un no-(ha)lugar que avanza inexorablemente sobre el individuo y le aliena a través de la publicidad y la superestructura (de los edificios de comercio). Se podría decir, a bote pronto, que Nacho es un fotógrafo social, cuanto menos político, preocupado por lo que sucede en la polis. Nada de esto se vio ni se ve en sus fotografías. No lo digo yo, sino la inmensa mayoría de los visitantes o “visionarios” de su obra, quienes, según el propio autor me comentó, elogiaron la obra por su belleza o características formales, mientras que solo unos pocos notaron una breve carencia de carácter técnico: “algunas fotografías están demasiados oscuras, no puedo ver a la figura anónima”

Yo creo que la fotografía de Nacho adolece de una gran carencia: la ausencia de críticas por parte del público. Esto, para una obra que pretende crear una toma de conciencia respecto de la sociedad y el ser humano, es un completo fracaso. Bien es sabido que las características de la fotografía la permiten oscilar entre el formalismo técnico de luces, sombras y colores, y la ineludible representación inherente a la fotografía. La fotografía, en definitiva, tan solo puede ser real. La paradoja se plantea cuando la obra de Nacho, no solo no plantea una división de opiniones, entre lo que el espectador interpreta y lo que la fotografía plantea, sino que tan solo muestra la incapacidad o simplemente indiferencia del espectador respecto de una reflexión dialogada.

La falta de críticas o, simplemente de interpretaciones, solo muestra el fracaso de su obra al intentar plantear un diálogo (allí donde hay contraposición hay dia-logos) de carácter social o simplemente fotográfico. Lo bonito de las fotografías, que finalmente, al estar hechas en monocromo muestran una visión maniquea (lo bueno-blanco, lo malo-negro) de la sociedad que encubre la multiplicidad de visiones/colores de la misma realidad a través de clichés (el limpiabotas, el payaso que no sonríe, gente encapuchada por la calle, el metro-tren como metáfora del instante fugaz); como digo, lo bonito de las fotografías alienan al espectador incapaz de reflexión cualquiera. Su posible conciencia crítica se transforma en una asimilación de la fotografía como santo y seña, como verdad “revelada”, situando al espectador al mismo plano que la fotografía. La fotografía, con su planitud, aplana el encefalograma del espectador que acaba demasiado cerca de lo allí representado. No se produce el distanciamiento necesario como condición de posibilidad para reflexión alguna. Lo bonito impone su juicio estético-formal, que no social o temático.

Los personajes allí representados, en las fotografías de Nacho, tiene un carácter anónimo, esto es dual: no son nadie en acto, pero al mismo potencialmente pueden ser cualquiera. Esto lleva al espectador a identificarse con la figura, a reconocerse en ella, a interesarse tan solo en la fidelidad, con respecto de sí, que esa fotografía posee. Es esta la razón de que la gente exija una mayor luminosidad en las fotografías de Navas, quieren verse retratados con claridad, quieren verse allí, donde la realidad del objeto deviene teatralidad rememorante de una muerte (ver La Camara Lucida, de Roland Barthes) que ya a acontecido.

Tal vez esa muerte es la de lo social o político en el arte. Quien sabe. Sea como fuere la fotografía de Nacho necesita de un claro replanteamiento teórico y práctico. Pásense por allí si quieren pasar un buen rato -Nacho no les defraudará- pero cobren conciencia de lo que él plantea y lo que yo señalo. Ante todo, los elogios son la traición peor de todas. Así que critiquen, con conocimiento de causa, mientras puedan.

28.3.09

Aproximación al Museo de Vostell

Vamos mi padre y yo hasta el Museo Vostell Malpartida de Cáceres. 12 horas de trayecto, comida, conferencia y exposición incluidos. Muy interesante el Fluxus y toda la relación que tiene con el grupo zaj. Mi padre da una conferencia entre humorística y erudita (como de costumbre). Habla del bricolaje como rama del pensamiento vasco. La gente se ríe y arranca un aplauso por partida doble al final. Jacques Ranciere, "El maestro ignorante" en la mano, viene a defender, en una conferencia planeada dentro de un ciclo pedagógico denominado "Seminario Filosofía para Niños", la enseñanza emancipatoria. Frente a la lógica aplastante del "haz como yo" que muestra el Explicador, esto es, aquél que realiza un corte diametral entre la categoría de inteligente e ignorante, impidiendo toda capacidad de autorreflexión y pensamiento crítico, el maestro ignorante viene a defender "un hazlo conmigo" que suponga la traducción conjunta de alumno y profesor de su pensamiento a una materia hasta entonces ignorada. El maestro ignorante enseña justo de aquello que no sabe, invita a sus alumnos a traducir el pensamiento del ser humano a aquello aparentemente imposible de conocer de otro modo. De lo que se trata es de crear la emancipación del idiota, que no es propiamente aquél que carece de ideas (como Platón propuso) sino el idiotes griego, el aislado de toda capacidad de comprensión propia por el propio sistema del aprendizaje rememorante de una imposición pasada: allí donde la explicación es el método y la forma el maestro impugnante viene a reconocer la imposibilidad de cambio dentro de si mismo y del alumno ignorante/idiota. No se trata de imponer mentalmente sino de mostrar la capacidad de pensar en otro idioma. El maestro ignorante, como al final de la conferencia mi padre hizo, afirma con rotundidad ser un pintor aunque no lo sea, lo repite y en voz baja pregunta al resto porqué ellos no son también pintores.
En definitiva.
Puedes hablar, así que no digas que no puedes.
Una persona hablando deviene una maravilla de la Naturaleza.

26.3.09

Nota sobre escritura y literario

No comprendo el significado de la palabra "actual" cuando lleva delante la palabra “poesía”. Sobretodo en esos frecuentes casos donde "actual" significa simplemente juventud, esto es, subdesarrollo. No lo entiendo. No entiendo porque la escritura tiene una terrible enfermedad que se llama literatura. El gran impedimento de la literatura es que se empeña en convertir la convención de la palabra escrita, esto es, la pura mortalidad y contingencia inherente a su existencia, en una sorpresa. Parece que el hecho de escribir una palabra diera ya el premio a una vida. La literatura quiere contarte una historia, a parte de tener una fe terrible en la Historia, en su injusticia presente y en su reconciliación con la inmortalidad de los escritores que vuelan sin dejar huella, esto es, se suicidan. Pero el suelo de las calles es inodoro, inadherente, incorruptible, simplemente por pura saturación.

Esa enfermedad se podría llamar "Peter Pan" y la palabra "Rimbaud" es una consecuencia directa. La poesía lleva sufriendo la esclava libertad que ella se ha impuesto por medio de aquél a quien espera liberar cambiando la palabra "fastuosidad" por "correcaminos". Lo que no entiende la gente son las palabras y lo que yo no entiendo de ellos es que las quieren utilizar para referirse algo que está fuera de la palabra. Hablan de palabras como "sociedad" y "rebeldía". Parece que estuvieran cambiando, construyendo y no descubren que la ruptura es ya una demagogía. Tenemos y tendremos poesía de moda mientras sigamos viendo a lo actual como modelo por su fecha de nacimiento.

No hay mas realidad que esta, no hay mas historia que esta, y por mucho que duela, esto no es la escritura. La escritura es algo que no es de este mundo, y no porque esté en otro mejor, peor, no. La escritura está en la cara vuelta de la Literatura. La literatura la esconde entre ese gran amasijo inventado de palabra que copula infertilmente en un yyyyy histórcio que pretende ser un o o o o o de modelo, no solo de gemido placentero (por supuesto), sino de combate que no es tal. Las palabras no combaten entre sí. Es la realidad la que se empeña en convertir el perfecto y perfumado escatos del texto en una pura ideología, o peor, en un símbolo para esa otra palabra llamada "revolución", que unida a otra que dice "literaria" crea la falacia de lo vivo y el ahora.

La escritura no te vende su vida, la vida de nadie. La Literatura quiere venderte su propia historia, con hache mayúscula, la Historia de la Literatura con su vaso roto sobre el cual algunos se empeñan en bailar la danza de la huida constante hacia el futuro. No hay futuro. Olvidaros de una vez de la muerte. El hombre, no lo digo yo, lo dice Derrida, es un invento reciente. No nos creamos tan importantes. Un poco mas de respeto a la escritura.

22.3.09

Julio Campal y las palabras

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Entre las hojas del fastuoso catálogo de la exposición "Literaturas en libertad" he vuelto a encontrar una joya. Es una gran exposición del pseudo-problema que atraviesa la literatura de las últimas decadas: esa dicotomía de "las palabras (con)sentidas" (cuales son y como deben de exponerse), que ha sustituido por desgracia a la discursión por sentido de las palabras, su concepto, significación y profundidad histórica.
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Cualquiera que sea su estructura, el poema debe sostenerse arquitectónicamente sobre si mismo, como un edificio. El tema le es perfectamente externo y aunque remplacemos el vocabulario modernista de la flor lánguida, las princesas, el oro, los perfumes exóticos, las leyendas medievales; por otro más aparentemente actual: obrero, pan, esperanza, sudor, y agreguemos a esta lista algunas interjecciones ásperas y crudas, solo habremos remplazado unas palabras con otras de signo contrario. El disfraz distinto esconde la misma evasión de la realidad.

Julio Campal "La poesía española contemporanea y su futuro", Poliedros, nº6, Madrid, 1970

21.3.09

Comunicado

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Dejo de publicar mi poesía en Poco que Decir. A partir de ahora todo los versos que sean dignos de ser mostrados podreis leerlos en el blog conjunto GRIS. Digo. En la banda derecha podréis observar actualizaciones periódicas de los últimos poemas allí publicados.

La dirección: http://negroandblanco.blogspot.com/

Muchas gracias

19.3.09

Nota hacia Kosuth, el arte conceptual y Castillejo


Tal vez sea un poco temprano para poner en conexión al recién descubierto Castillejo con un artista, yo diría mas bien teórico del arte contemporaneo, al que se acerca mucho en pensamiento y práctica. A pesar de las amistad que le unía a Clement Greenberg no me refiero este caso al teórico (cuasi fascista) del formalismo y la abstracción postpictórica, que según el propio Castillejo "me enseñó que no bastaba con ver sino que había que "ver" y "ver" y "ver" y que había que "ver" lo no dicho, lo no hablado, lo no escrito, es decir la "forma" o los "arquetipos". Sino al escritor de "Art after Philosofy", Joseph Kosuth, paradigma del arte conceptual. Se que es arriesgado, pero voy a presentar a Kosuth y mañana veremos que pasa con la unión de ambos.

Kosuth propugna un arte tautológico, conceptual, el único arte posible tras la defunción de la filosofía, la estética y con ella sus teorías "sensualistas" del gusto, lo bello, etc. Un arte cuyas obras en última instancia remiten, sin dar otra información que la del ser obra de la obra, a una idea de una idea, un pensamiento que no aporta ningún conocimiento nuevo mas problematiza el propio ser de la obra. "Hacer cosas diferentes con los mismo materiales" es lo que propone Kosuth. Por ello a mediados de los años sesenta comienza a trabajar con la herramienta más antigua del hombre, la palabra. Llevado al plano artístico, la palabra tautológica, como una definición a priori que no se remite a ninguna realidad extrínseca, comienza a poner de manifiesto que el verdadero ser de la obra es el "estar" en el espacio museístico. La palabra fosilizada del diccionario al entrar en el espacio de la fosilización artística crea un lugar para una posible regeneración.

La copia de la definición An idea idea, aquello que no requiere de técnica para ser realizado, aquello, que en definitiva, no "representa" ningún conocimiento, información ni de la época, ni del autor, ni del proceso, ni de la vida misma, revierte en un ser siendo-obra. Este tipo de obra no depende de las impresiones producidas en el espectador, provocadas por las cualidades matérico-temáticas de la pieza en sí, ni tampoco de la intención del autor, sino tan solo del propio "estar". Lo inamovible del diccionario pasa a un dinamismo de la obra consigo misma que se autocritica. No importa demasiado la relación con el espectador. Es algo a priorístico, analítico, que no necesita la opinión de crítico (no necesita del análisis del esteta que acuda con sus definiciones de gusto, calidad e historia). Es, por estar ahí, una obra. Algo ya muerto, el cadáver neutro tan solo, que puede ser problematizado, pero que no crea "realmente" un problema. A pesar de su antigüedad la definición de la palabra que el diccionario esconde necesitaba de su descubrimiento artístico. El arte del concepto, como la gravedad, es algo que se ha dado por supuesto, existiendo antes de ser descubierto. Lo universal.

Nota sobre Jose Luis Castillejo

Ojeando el libro "Escrituras en Libertad", sobre la exposición que está ahora en marcha en el Instituto Cervantes, he encontrado la figura de Jose Luis Castillejo.

Castillejo, del que no tenía noticia me parece todo un maestro en el campo de la poesía visual. Leo un texto increíble donde trata la categoría de símbolo textual, frente a la idea de Derrida de que la marca indeleble de la escritura. "Derrida es la visión sangrienta de la escritura, la letra con sangre entra". Los símbolos son lo que son, estructuras que "son" sentidas pero que (pueden) no "tener" sentido. Ser mas no tener. Frente a la idea cartesiana de la aprehensión de los saberes hay aquí mas un "estar con", un "estar en", un "aparecer del" (¿conocimiento?). El símbolo apunta a lo inefable, como todo tipo de escritura, con su carácter paradójico y contradictorio. Lo que propone en este texto de 1977 (Un libro de un libro) es la fabricación de un libro a partir de impresiones en blanco de páginas entreabiertas. Da igual si fueran 20, 10000 o 200 páginas. No son necesarias cuando se ha eliminado la escriturabilidad de la escritura. No confundir aquí con la estructura social de la no escrita. El libro del libro, en su inefabilidad continua siguiendo texto, texto no escrito, posibilidad de escribir, diatriba, polémica, página para escribir. Al elimina las diferencias entre 1 y 2, elimina los presupuestos de la escritura. Escritura pura=fotografía de lo que no se ha escrito. Tal vez la literatura sea lo que no está por escribir. Sea como fuere eso no lo dice Castillejo.

En la copia del vació no se trata del significado de la palabra, pues aquí, donde toda palabra ha sido borrada, ya no hay "signos" (de un significado), sino, tal vez, símbolos. Se trata de hacer artificio de lo natural, esto es, de la ausencia. Devenir máquina de lo presupuesto, diré yo, que no Castillejo. "Un libro de un libro no puede imponer un decir". "Un libro de un libro no impone al lector una lectura. No puede contestar esta serie a la pregunta ¿esto qué significa? Al igual que no puede responderse a la pregunta de que significa la Mona Lisa". Las interpretaciones, caballeros, están abiertas.

En mi opinión la obra de Jose Luis es todo un conflicto con la literatura, lo que es la literatura y su espacio. No es propiamente un escritor, es un verdadero pensador. Toda una revelación que me permite seguir confiando en el pobre panorama literario español. Tengo entendido que dejó de escribir el 197- (no se la fecha con exactitud) Me gustaría entrevistarle. A ver si lo consigo.

4.3.09

Entrevista de G.Acha a un servidor.

Gonzalo Acha, la joven promesa de la poesía contemporanea, estudia periodismo y ha mandado una entrevista a quien quiera hacerla. Las preguntas, como él mismo afirma, son ingenuas y superficiales. A pesar de todo me gustaría que lo vierais. Hacía mucho que no publicaba y así os tengo entretenidos hasta la próxima.

Bon apetit.

PD: No os perdais lo que está sucediendo en gris, que, como os vengo repitiendo desde hace tiempo, no tiene precio.

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1. ¿Qué opinas sobre el estado actual de la poesía?

Creo que en materia de poesía, como una rama más del arte contemporáneo en proceso de recesión y estancamiento, desgraciadamente ha entrado en franca decadencia. Decadencia previsible tomando el punto de vista que la sociedad tiene de la Historia que, según la amplia mayoría, avanza desde lo primitivo a lo moderno y de ahí a lo post(moderno). Esto se llama progreso. La imposibilidad de recuperación tras la crisis existencial que se encuentra en las vanguardias históricas –que no es nada mas que el intento de fuga ante la certeza de que nada nuevo hay bajo el sol-, es aun hoy día más vigente cuando ya ni siquiera la destrucción es posible como arte. Entrando más en materia de poesía, a nivel nacional solo descuellan los últimos coletazos de unos movimientos del todo gastados: postmodernismo y tendencias surrealizantes. En los últimos años se ha producido una recesión a la poesía de corte realista, “de la vivencia” o lo que yo personalmente llamo “poesía sentimentaloide, un vómito del día a día”. En materia internacional mucho desconozco, pero creo que la saturación de los medios de comunicación y la poca productividad económica de la poesía “en tiempos de crisis” ha hecho que nada sea digno de ser conocido.

2. ¿Se promueve de alguna manera la lectura poética desde las instituciones de tu Universidad?

Estudio en la Universidad Autónoma. Sin bien es cierto que no me he interesado por la difusión oral de mi escritura, y mucho menos en el campo académico, he de decir que esta institución no parece desarrollar programas de recitales poéticos. Tal vez sí. Yo los desconozco. Sea como fuere no me ha llegado la información. Lo que si que puedo dar fé es de la existencia de un concurso de poesía anual, así como de variopintas conferencias y seminarios sobre poesía. No he acudido, ni participado en ninguna de ellas todavía.

3. ¿Crees que la poesía pertenece, o debe pertenecer, a una "élite intelectual"?

Desgraciadamente no, no pertenece ya a una “élite” y pensar que debería sería caer en una ideología erronea, esto es, en una falsa conciencia de la realidad. Digo desgraciadamente, no porque propugne un elitismo poético ni mucho menos, sino porque la irrupción de las masas en poesía no ha supuesto una mejora de la calidad intelectual del colectivo medio lector para una adecuación congnitiva de los contenidos en alguna medida “herméticos” de cierta poesía, sino mas bien una adaptación del producto a los gustos y capacidades intelectivas del consumidor. En resumidas cuentas, la poesía se ha visto reducida a “flores y margaritas” porque es lo que el pueblo pide, y con razón. Con la aparición de una poesía de corte divulgativo el espectro editorial se reduce a un pequeño número de nombres y títulos relacionados con el realismo, lo social o los temas amorosos. Hoy día existen mas de 27 ediciones de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, pero ni una de las “Poesías Completas” de Mallamé. Simplemente están descatalogadas. Felizmente ningún poemario podrá ser un best seller a la altura de las abominaciones que se perpretan hoy día en narrativa.

4. ¿Cuándo empezaste a interesarte por la poesía?

Supongo que surgió el interés al hilo de una pregunta por el futuro. Me encontraba en el Bachillerato de Humanidades, de ningún modo desorientado, pero en cierto modo vacío y sin un fin. El trabajo es el aspecto humanizador del ser humano y por ello me puse manos a la obra en poesía sin motivo alguno. Tenía la certeza de que era un sinsentido y por ello no podía dejarlo. Mis primeras lecturas fueron de la mano de mis primeros poemas. Desde entonces, hace ya dos años, no he dejado mi mente quieta por el mundo literario.

5. ¿Qué medidas emprenderías, si pudieras, para fomentar la lectura de poesía entre la población?

Creo que empezaría por una desmitificación de la poesía, desentimentalización de los contenidos, búsqueda histórica de los intereses poéticos, conexiones con otras disciplinas aparentemente mas sesudas. Realizaría una vindicatio de la poesía por sí y no por sus beneficios. No creo que la poesía no haga ningún bien a nadie. Mas bien al contrario. Es un jardín donde hay que entrar con un cuchillo afilado y mas vale ir prevenido. No todo lo que está es lo que se lee y no todo lo que se lee está ahí. Lo importante es enseñar a desleer y mostrar la satisfacción de la ficción, el pensamiento, la búsqueda de lo no dicho, el malentendido, la malinterpretación y la lectura abierta a todo, incluso a dejar de leer.

6. ¿Qué posibilidades de futuro ves para tu obra?

Muchísimas. Estoy tremendamente esperanzado con mi con-texto literario, y me refiero al grupo poético gris; los auténticos reyes del mambo. La calidad de mi poesía no es mi preocupación porque nunca la concebí más que como un método heurístico. Lo importante no es lo que sea la obra en sí sino lo que se pueda predicar de ella, y que aquello ya se encuentre allí, más no de forma explícita. Creo que mi subconsciente pasión por tratar lo abstracto, en una escritura para un solo lector, el propio texto consigo, va hacer que muchos me tilden de incongruente, hipócrita, falseador o simplemente un necio. Estoy contento con esta definición que me autoimpongo. Al fin y al cabo hipocrites significa en griego “actor”. Todos cumplimos nuestro papel, en definitiva.

7. ¿Qué opinas de la gente que no lee poesía?

Suelo apreciar más el hecho de desconocer totalmente la poesía de intentar creer que la conoces por haber abierto superficialmente dos libros de amor que un poeta escribe a su amada. La completa ignorancia no constituye un delito, sino una salvación. Como he dicho antes la poesía es mas bien un veneno. La gente que no lee poesía se merece mi mas sincero alabo, no solo por su sensatez a la hora de evitar tan engañoso compañero, sino porque su completa indiferencia permite que la poesía se mantenga fuera del mercado del arte en general y de la lista de los mas vendidos en las librerías en particular. La calidad aquí va reñida con la cantidad, me temo, de libros vendidos.