10.2.09

Giacomo con un comentario

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muy bueno.

XII. El infinito

Siempre me fue querida esta colina yerma,
y este seto, que de tanta parte
del último horizonte la mirada excluye.
Pero sentándome y mirando los interminables
espacios más allá de él, sobrehumanos
silencios y profundísima calma
yo en el pensamiento represento; donde por poco
el corazón no se amedrenta. Y como el viento
oigo susurrar entre las plantas, yo aquel
infinito silencio a esta voz
voy comparando: y me recuerdan lo eterno
y las estaciones muertas, y la presente
y viva, y su sonido. Así en esta inmensidad
se ahoga el pensamiento mío:
y me es dulce el naufragar en este mar.

8.2.09

2 horas 40 minutos mas viejo


Algunas películas te hacen sentir tan joven como para añorar ese cine que nunca existió, ya sabéis, sin lágrimas, ni Brad Pitt. Hay películas que te hacen desear que el tiempo se hubiera paralizado en el momento en que entrabas en la sala con tu super-combo-palomitas-12-euros. También películas que te hacen envejecer todo el tiempo que dura su visionado. Otras simplemente te juran desear que el tiempo fuera hacia atrás y a cámara rápida. Pero eso solo sucede en las películas y todas se llaman “El extraño caso de Benjamín Burton”, y todas duran 2.40. Un repaso a la historia americana, una nación que nació con un cine más clásico que viejo, un cine cada día mas joven con memoria histórica propia de un demente senil en plena adolescencia (con acné y urticaria a base de llantina incluidas)

Se puede afirmar que la fina barrera que separa a las películas buenas de las mediocres, está untada de oro de cuarenta quilates (con brindis por la crisis incluido), por suerte el dinero siempre cae de parte de los mediocres. Se puede afirmar que si vas al cine lo vas a ver todo desde el otro lado de la barrera. Ya no raras, sino previsibles se pueden tachar a las 12(o 13) nominaciones de granel que suelen adquirir por film estas hermosas fábricas de sentimientos. Hacer llorar a la gente no es barato, esto es, fácil. Basta con un presupuesto de varios millones y un repaso a la increíble historia americana -¡que no falte nada! La 1ª, el huracan Katrina, y 2ª G.M., los Beatles, el hippismo, la carrera espacial, en ese orden mas o menos-, aderezado con decrepitas voces en off, retrospectivas viejunas sobre el envejecimiento progresivo del amor (o lo que es peor, su rejuvenecimiento) y un rubiotiobueno. Este tipo cine, con todos los respetos, si que nació viejo, y al igual que sucede en la película, conforme pasa el tiempo es mas apetecible, mas efecto especial y mas rubiotiobueno. Agraciadamente la fina barrera que separa a las películas buenas de las mediocres, está untada de globos de oro. David Finch ha dado un paso atrás en el tiempo traspasando esa barrera y desde luego no tiene nada que temer, pues todos tendremos en la memoria, sellado a fuego, esas dos horas cuarenta minutos, que nos robó de nuestro preciado y progresivo tiempo.