El eminente y joven filósofo Julio Martinez-Cava y yo, de cabeza metidos en temas de la metafísica de Santo Tomás, creíamos haber hallado una falla en la doctrina psicológica esta mañana. Tras mucho reflexionar he llegado a la conclusión de que, mas que una falla, lo que allí pusimos de relieve es una confirmación de las teorías del aquinense. Aun oponiéndose a mi natural posición de no conceder cuartel al pensamiento religioso trascendente, y tomando como una excepción el caso aquí tratado, quiero en este instante exponer lo que allí se comentó o dijo. La apreciación surge a partir de la en ciertos aspectos ligera e inconsistente teoría de la separación alma y cuerpo. Situémonos.
Santo Tomás recurriendo a la aristotélica distinción entre potencia y acto descubre la existencia de una división intrínseca de las substancias materiales en materia potencial y forma que actualiza y determina esa materia indeterminada en su género específico. Materia y forma componen en su unión los principios constitutivos de las substancias. La separación tan solo se evidencia por medio de una necesidad lógica dentro de los cambios substanciales. En ellos Tomas percibe como necesaria la presencia de un substrato subyacente que permite el cambio y un elemento caracterizador del cambio sobre el que el cambio opera. La materia prima se identifica con el sustrato subyacente que manteniéndose inmutable permite un cambio formal.
A través de esta distinción hilemórfica la unión cuerpo y alma se presenta de manera comprensible y lógica. La unión no es accidental, ni mucho menos se concibe como un castigo, sino que el alma tiende a la determinación del cuerpo de manera natural. Sin embargo explicar la separación transterrenal de estos dos principios constitutivos implica abordar un gran número de dificultades. Santo Tomás explica esta separación en términos de autonomía del alma que subsiste inmaterialmente manteniendo facultades de carácter intelectivo.
El quid de la cuestión se encuentra en la incorruptibilidad del alma. Para Santo Tomás algo puede corromperse por si mismo (per se) o accidentalmente (per accidens). Tomando como presupuesto la ilógica situación de un alma autocorruptiva, Tomas esgrime la subsistencia del alma para defender que no sería afectada por un cambio accidental. La consideración que traigo toma la posibilidad de un cambio substancial dentro del alma. El alma se define como un ser autónomo que subsiste tras la separación de materia y forma, de cuerpo y alma, constituyéndose como una substancia formal (carente de materia). Nada impediría que un cambio substancial operase sobre ella de manera tal que toda ella deviniera otro algo, al no haber ningún substrato potencial, de tipo material, dentro de su esencia que se mantuviera lo mismo mientras el cambio acontece. Esto es, el alma podría destruirse, corromperse, esfumarse o simplemente mutar en otro ente. Este era nuestro argumento inicial.
Ahora pienso que justamente no estábamos criticando ni desbaratando las teorías de Santo Tomás, sino justo lo contrario. Siendo la materia el sujeto sobre el que opera necesariamente el cambio substancial, estos no pueden acontecer en seres carentes de materia y por lo tanto de posibilidad de cambio sustancial alguno, aun cuando ellos mismos sean una sustancia.
Bueno, se que os interesa poco, y que la filosofía es el campo de batalla de las disputas sin cuente. Os doy las gracias si habéis llegado hasta aquí (por aguantar el toston) y os animo a comentar, aunque sea para insultarme (por haber aguantado el toston). Dejar vuestra opinión, muy especialmente convido al citado Martínez-Cava, quien nos podrá ilustrar con su dilatado saber.
Contra la humildad
Hace 5 horas


1 comentarios:
Al habla Julio Mtz-Cava,que este endemoniado blog exige cuenta de no se que o ser anonimo...Jajajajajaja Madre mia Hemingway que prodigio de saberes reunidos en tres párrafos, para qué existe un Copleston entonces jajajaja.... A ver estoy de acuerdo, de tanto buscarle las cosquillas al susodicho Aquino a veces hasta le ayudamos a confirmar sus teorías..... Creo que tanto Megino como Copleston (ah! ¿qe no son la misma persona? es que oyéndoles en clase yo creía que....) nos advierten que no podemos tomar en consideración un autor MUERTO como si fuese contemporáneo nuestro, y menos aún, como si supiese lo que dijo Kant o Widgesttein sobre la metafísica, o como si viviese en un contexto de gran mayoría de ateos como podamos ver hoy día.
En cuanto a lo que has dicho, estoy de acuerdo, el alma en tanto substancia inmaterial (he ahí el quid de la cuestión, ya que toda substancia del mundo sensible es definida como materia-forma) no permite el cambio substancial luego es incorruptible. Pero también he encontrado algo más. La forma en tanto principio constitutivo de la substancia actualiza una materia indeterminada en plena potencialidad. Luego nos dijeron que el Alma era la forma, que actualizaba la materia del cuerpo humano creando un Hombre, asignado al género hombre, y diferenciado individualmente bajo el accidente de la cantidad de la materia que adquiría al ser formado, esto es, la materia signata quantitate de los huevos. Si la forma es actualizadora, y el alma es toda inmaterial pero todo forma, no queda otra que el alma no pueda actualizar nada al morir el hombre, oséase, teniéndose tan solo a sí misma, ni siquiera puede cambiarse a sí ni ser cambiada por accidentes. El alma es estéril, inútil, imbécil, necesita de un cuerpo para realizar su función. Al palmarla esperamos a que La Salvación nos permita volver al cuerpo (ahora espiritual), pero lo gracioso, si el cuerpo de la resurrección es sólo espiritual (inmaterial) para ser adecuado a la contemplación de Dios, tampoco podrá cambiar, ya que no hay materia prima o sustrato que permite el cambio. Luego el Alma está condenada a ser siempre la misma. Si las facultades intelectivas se albergan en el Alma, y ésta no cambia, aquellas tampoco. Somos tontos y nunca dejaremos de serlo. O bien nacimos listos (miro alrededor y lo dudo eh!?). Según el cristianismo nacimos tontos, cambiamos todo menos nuestra inteligencia, y morimos tontos, ¡para resucitar como tontos! Así cualquiera se emancipa de casa, si el esperma de Papá estaba “nokeao”.
PD: relacionándolo con la clase de hoy sobre el libre albedrío, ya que este se sitúa en la voluntad y la facultad volitiva pertenece al alma, el libre albedrío es tarea del alma. Y sin embargo, el libre albedrío o capacidad de decisión se sitúa justo en un Alma que no puede cambiar. Si no cambia, esto es, no necesita tomar decisiones: ¿para qué decir que es libre?...... ahí lo dejo…..
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