3.4.09

El angel caido


Regresando a Sto. Tomás. Quedó ampliamente demostrado cuando tratamos la naturaleza del alma que es el carácter inmaterial el que sostiene la inmutuabilidad sustancial de las entidades puramente formales. Todo cambio sustancial que afecte a las propiedades constitutivas de un objeto debe producirse tomando a la materia como sujeto, sustrato y elemento identitario subyacente. En definitiva todo cambio que advenga a estas entidades le es extrínseco y puramente accidental.

El tema a tratar en este texto es muy simple: la relación entre el bien y la naturaleza de los ángeles. Algunos pueden decir que voy demasiado lejos y que estoy intentado tratar a Sto. Tomás como un contemporáneo.
A la primera objeción responderé que tan solo me remito a la división que establece Sto. Tomás entre los seres creados, sobre los cuales se pueden aplicar las distinciones metafísicas y que por lo tanto son objetos factibles de conocimiento, y Dios, de quien tan solo se puede predicar de forma negativa y/o analógica. En lo referente a las entidades espirituales el santo es bastante pródigo en predicaciones, atribuciones, dilucidamientos y conclusiones. No voy mas lejos de donde va mi referente.
A la segunda objeción tengo que decir que todo lo que escribo es indiferente a la situación actual de la filosofía. La filosofía tomista es una ruina hecha pedazos por el pensamiento crítico de Hume y Kant, por no hablar del positivismo lógico y muchos más pensadores que mi ignorancia desconoce. Me remito al lenguaje tomista, partiendo de sus formulaciones sin hacer referencia alguna a los anteriormente citados grandes filósofos del pensamiento moderno. Entremos pues en materia.

La distinción entre potencia y acto, mas universal que la anteriormente referida dualidad materia-forma, da cuenta del carácter mutable de las entidades espirituales por excelencia: los ángeles; al mismo tiempo que evita la identificación de estos con Dios, único ser enteramente simple y Acto Puro. Esta distinción explica de manera coherente la doctrina teológica referente al Ángel Caído, esto es, la por momentos inexplicable corrupción de uno de los seres mas perfectos por Dios creados. Dejando de lado las múltiples interpretaciones metafóricas, las múltiples versiones del mito y todas las disquisiciones referentes al libre albedrío, es necesario analizar de manera sintética lo aquí acontecido: un cambio que supone la pérdida de una propiedad de un ente concreto. Ahora bien, según la división tomista y lo anteriormente referido un ente formal tan solo puede ser objeto de cambios accidentales, esto es, de adquisición o perdida de ciertos predicados/propiedades que no forman parte consustancial de su esencia. Esto nos lleva a establecer que el bien no es una propiedad “esencial” de los ángeles, lo que nos lleva a plantearnos si en las demás criaturas no sucede de forma similar. En otras palabras ¿es el bien un accidente?

2 comentarios:

taun dijo...

Estoy ahora mismo tratando el tema en relación con el hombre, el alma, etc. Bueno, decirme.

taun dijo...

se trata, como suponía, de un problema de la voluntad.