
Las peluqueras son algo maravilloso. Las defensoras de lo femenino. Operan sobre el falocrático cabello con una diligencia purgatoria que es una maravilla. Las peluqueras, de pie, con sus tijeras, amenazan con preguntas sobre el tiempo y la circunstancia. Es el último reducto de la filosofía peripatética. Lleva pinzas, orquillas y peines para ordenar, estructurar y fijar el objeto que precisa de definición (estética) a cada caso. Las peluqueras te hacen soñar con una inteligencia libre, con el corte del ramaje superfluo e innecesario. Los cráneos se liberan del follaje y surgen de la oscuridad del flequillo el chasis aerodinámico de las ideas. Por desgracia este corte, en la mayor parte de los casos, se realiza con una finalidad decorativa, suntuoso-idiotizante.
Esa es la exigencia del cliente comun, reprimir la función pensante del craneo en pro de una exhibición de las cabelleras que, o bien, oculte el rostro en una reclusión subjetiva, o bien lo despeje en un acto nominal de confirmación identitaria. Frente al corte autocrático que supone una liberación y fortaleza -este es el caso de las mujeres que se rapan la cabeza-, el corte de pelo por parte de otro supone el sometimiento a los procedimientos identitarios de la sociedad trival-tributaria de hoy día. Cuando alguien se corta el pelo subordina el ornato del rostro (que dicen es el reflejo del alma) a un juicio estético decidido por otro. Todo corte de pelo supone la inclusión (reclusión diría yo) a una tribu urbana a través del tributo a un arquetipo superior (cantante, futbolista, etc) No existe el corte de pelo puro sino por imitación de los miembros de un grupo social concreto. Esto no atañe a las peluqueras, que son mero obrero del andamiaje del cabello, mecánicamente cortando, mecánicamente acatando órdenes de otro.
Para mi la peluquería es el lugar del ejercicio pensante, el gimnasium del siglo XXI. Mens sana in craneo sano. Masajes, limpiezas, lavados, recortes, esteticismo y purgación... las manos de la peluquera se deslizan con violencia y sistematicidad, produciendo un torrente frígido, mecánico y plastificado de sensaciones.
Peluquera, mujer pública numero 1. Viva.


3 comentarios:
Tío, yo lo veo más asociado a la política: depositas en ellos tu confianza..., pero cuando el mal está hecho, no hay vuelta atrás...
Muy cierto. No lo había visto. Lo tendré en cuenta para el próximo elogio peluqueril.
Resulta que acabo de cortarme el pelo. No se si he depositado mi voto (de confianza) en el bando equivocado
me aprece una chorrada casi todo lo que has dicho
(sin ofender)
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