29.3.09

Crítica a la exposición de Ignacio Navas (II)

El Limpiabotas. Ignacio Navas.
2008.


En cuanto a la exposición de Ignacio Navas he de asumir, como todo el mundo hace, la calidad y belleza de las fotografías, así como la prometedora proyección que puede tener la creación de Nacho. Es aun muy joven y todavía le queda mucho que leer, conocer y experimentar, pero está interesado en hacerlo y confiamos en que pueda llevar a cabo en un futuro lo que se propone. De buena mano sé que una de las grandes preocupaciones de su obra es la sociedad, que pretende plasmar a través de los contrastes entre el blanco y el negro, el retrato de una sociedad anónima, callejera, en un no-(ha)lugar que avanza inexorablemente sobre el individuo y le aliena a través de la publicidad y la superestructura (de los edificios de comercio). Se podría decir, a bote pronto, que Nacho es un fotógrafo social, cuanto menos político, preocupado por lo que sucede en la polis. Nada de esto se vio ni se ve en sus fotografías. No lo digo yo, sino la inmensa mayoría de los visitantes o “visionarios” de su obra, quienes, según el propio autor me comentó, elogiaron la obra por su belleza o características formales, mientras que solo unos pocos notaron una breve carencia de carácter técnico: “algunas fotografías están demasiados oscuras, no puedo ver a la figura anónima”

Yo creo que la fotografía de Nacho adolece de una gran carencia: la ausencia de críticas por parte del público. Esto, para una obra que pretende crear una toma de conciencia respecto de la sociedad y el ser humano, es un completo fracaso. Bien es sabido que las características de la fotografía la permiten oscilar entre el formalismo técnico de luces, sombras y colores, y la ineludible representación inherente a la fotografía. La fotografía, en definitiva, tan solo puede ser real. La paradoja se plantea cuando la obra de Nacho, no solo no plantea una división de opiniones, entre lo que el espectador interpreta y lo que la fotografía plantea, sino que tan solo muestra la incapacidad o simplemente indiferencia del espectador respecto de una reflexión dialogada.

La falta de críticas o, simplemente de interpretaciones, solo muestra el fracaso de su obra al intentar plantear un diálogo (allí donde hay contraposición hay dia-logos) de carácter social o simplemente fotográfico. Lo bonito de las fotografías, que finalmente, al estar hechas en monocromo muestran una visión maniquea (lo bueno-blanco, lo malo-negro) de la sociedad que encubre la multiplicidad de visiones/colores de la misma realidad a través de clichés (el limpiabotas, el payaso que no sonríe, gente encapuchada por la calle, el metro-tren como metáfora del instante fugaz); como digo, lo bonito de las fotografías alienan al espectador incapaz de reflexión cualquiera. Su posible conciencia crítica se transforma en una asimilación de la fotografía como santo y seña, como verdad “revelada”, situando al espectador al mismo plano que la fotografía. La fotografía, con su planitud, aplana el encefalograma del espectador que acaba demasiado cerca de lo allí representado. No se produce el distanciamiento necesario como condición de posibilidad para reflexión alguna. Lo bonito impone su juicio estético-formal, que no social o temático.

Los personajes allí representados, en las fotografías de Nacho, tiene un carácter anónimo, esto es dual: no son nadie en acto, pero al mismo potencialmente pueden ser cualquiera. Esto lleva al espectador a identificarse con la figura, a reconocerse en ella, a interesarse tan solo en la fidelidad, con respecto de sí, que esa fotografía posee. Es esta la razón de que la gente exija una mayor luminosidad en las fotografías de Navas, quieren verse retratados con claridad, quieren verse allí, donde la realidad del objeto deviene teatralidad rememorante de una muerte (ver La Camara Lucida, de Roland Barthes) que ya a acontecido.

Tal vez esa muerte es la de lo social o político en el arte. Quien sabe. Sea como fuere la fotografía de Nacho necesita de un claro replanteamiento teórico y práctico. Pásense por allí si quieren pasar un buen rato -Nacho no les defraudará- pero cobren conciencia de lo que él plantea y lo que yo señalo. Ante todo, los elogios son la traición peor de todas. Así que critiquen, con conocimiento de causa, mientras puedan.

2 comentarios:

Ignacio Navas dijo...

Taun, como te dije en su momento, te agradezco mucho la crítica. Es un punto de vista interesante y me ha hecho reflexionar mucho.

Estoy preparando unas cosillas, te las quiero enseñar y que me des tu opinión ^^

Ignacio Navas dijo...

Taun, de todos modos creo que has dejado una parte importante, que has pasado un poco por encima con sinonimos: La idea del no-lugar, las personas con las que es imposible establecer contacto, el paso por la ciudad...

Creo que ahí has estado un poco desacertado, tampoco crea que busque "el instante fugaz" ni los cliches o asocie lo blanco a lo bueno y lo negro a lo malo.

De todos modos es tu interpretación conociendo la obra y hablando conmigo, conociendo mis ideas. Como ya te digo te lo agradezco ^^