14.1.09

Alistese yá! Consideraciones de un joven estudiante

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Me veo a mí en el espejo, un poco despeinado, tal vez demasiado; bastante apocalíptico, blanquecino, heterodoxo, nunca lo suficientemente cínico. Le miro a él, deben separarnos apenas 7 años, habla con una mujer, yo parezco salido de la cueva como un Indi trush descalzo (escribo trush sin saber el significado de tal palabra). Le habla una mujer, posiblemente su madre, de cuando entró en la Universidad, posiblemente algo productivo, ganarse dinero y llevar ese peluquín que lleva. Esa sonrisa y esos ojos que se cierran, con todo el ademán de la mano acariciando el muslo. Es su propia madre. Es un actor de cojones, seguro que se lleva bien con ella. Que desastre: donde quedó la Pietá de Jesucristo. A esa edad todo hombre debe estar al borde de la decepción hacia la madre, un borracho, un asesino, un fraude, un Orson Welles vestido de Kane, a lo sumo un Isaac crecido que debe ser sacrificado. El hijo morirá antes que el padre. Ese es el ciclo de la creación humana. Le miro de través y sus gafas hablan de vacilarle en el cole. Estaban bien esas palizas, te hacen debil y canijo: justo lo que necesitas. Parece irle bien ¿Progreso? No me toques los cojones.

Se levantan.

Subitamente tomo conciencia, toda la historia del arte desde la Venus de Cnido hasta Marta Echaves, un cuerpo desnudo femenino, es necesario arropar. Hace frío, esto lo escribo porque quiero. Ese tipo y su madre. Su madre. Una rubia de su edad, alta, esbelta, delicada, me cae bien su novia. Yo también me bajo en esta estación. Ahora llega ese otro tolay adolescente poquero, portando una billetera entre sus dos ambas manos a la altura del belfo que olfatea en busca de lo innombrable, el frenazo del metro le empuja y su cuerpo sin vida aparente avanza para empujar por detrás a la mujer del prospero gafas. Me hace gracia ¿a ustedes no? La masa hará su lugar entre nosotros, no se preocupen.
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Dejemosle todo a los poetas. Los poetas se quejan, hablan de Gaza y todo eso que tanto mareo me da, ¿lo respeto pero no lo comparto o lo comparto pero no lo respeto? A fin de cuentas soy un occidental preobeso haciendo acopio de calvicie para el momento en que los chinos nos ataquen ¿Muerte al oriental? Si, porque no ¡Muerte al oriental! Hay que ver, estos poetas con sus reivindicaciones, su gusto por el poder, sus ventas de niveles mínimos, sus recitales, círculos íntimos, lecturas que no leen, barreras trasgredidas que no trasgreden, con su poesía social de las bajas esferas, están todo el día que no paran, de la Ceca a la Meca. Menos mal que nadie les oye fuera de sus esbeltos oídos de la tierra, el nabo y el proletario. Sería horrible una poetocracia: el número de suicidios se dispararía, la economía se reactivaría, la gente haría metafísica, creerían en los sueños y las carreras de letras estarían abarrotadas de ineptos poetas-realistas-experienciales-sociales-comprometidos-trasgresores. Prefiero a los ineptos belicistas que tengo ahora: ellos me protegen de los chinos, la ficción, la crisis y el colesterol bajo en corticoides (ignoro el significado de esta segunda palabra también). Porque ellos SÍ me protegen, ¿no?
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VALIENTES S.A. GENTE QUE EMPIEZA UNA EMPRESA EN PLENA CRISIS.
Es el momento de hablar de la crisis. Sinceramente, por muy aceptado que esté socialmente está mentira no puedo resistirme. La Crisis, como Papa Nöel, los Reyes Magos, el Ratoncito Perez, La Apocalipsis según San Juan y la muerte, no existe, SON LOS PADRES. Estoy un poco aburrido de tanta crisis cutre. Deseo, anhelo y exijo un número mínimo de vagabundos, muertos de hambre, asesinos, delincuentes varios, poetas sociales que escriban sobre ello para creérmelo. Me diréis el numero de parados ¿Esa gente no está cobrando por no hacer NADA? No se de que se quejan, sinceramente, no lo se. Creo que solo es un truco publicitario. Ninguno de ustedes está terriblemente hambriento, al borde del colapso, porque si no no estarían aquí, en esta línea, permitiéndose el internet que les permite a su vez perder el tiempo leyendo la perdida de tiempo de un idiota hipócrita adolescente, ahí detrás de un HP o un Pentium, sentados sobre sus cojines como un Marajá subido a una silla, calentitos y bien calefaccionados; estarían allí, en la calle, muriendo o matando, combatiendo en Palestina o el cualquier país africano por ayuda sanitaria y alimentos o alistados en el glorioso Ejercito Español.

De todas estas opciones recomiendo la última. Alguien nos tiene que salvar de los chinos.