Estoy dispuesto a estudiar filosofía. Ya lo he decidido, para bien o para mal: los próximos 4 años de mi vida serán pura filosofía. Una metralla que alisa todos los caminos. Por ahora solo se que no se nada en la materia. Continuando con la mayeutica socrática ahora debería hablar de las preguntas que surgen a un filósofo joven, principiante, pre-estudiante. Así haré ilustrando con un pequeño ejemplo.
(Última clase de alemán de este curso 07-08.)Die Lehrerin: Und du, Ernesto, Was wollen Sie werden?
[La profesora: Y tú, Ernesto, ¿Qué quieres ser?]
Ich: In nextes Jarh werde ich Filosofie in der Universität anfangen...
[Yo: El próximo año empezaré Filosofía en la universidad...]
Leh: Ufff (In ihrem Geschicht eine Grimasse von Überraschung)
[Pro: Ufff (En su cara una mueca de sorpresa)]
Ich: ja, ja, ich weiss es...
[Yo: si, si, ya lo sé...]
Leh: Und warum? Filosofie?! Oh mein Gott. Und warum nicht etwas mehr praktisch? In Deutschland die Filosofiestudenten sind alle Taxifahrer..
[Pro: ¿Y porqué Filosofía? Oh, dios mío ¿Y por qué no algo mas práctico? En Alemania todos los estudiantes de filosofía son taxistas.]
Estábamos hablando de las carreras y la vida profesional de cada uno. La mayor parte de mis compañeros de alemán llevaban varios años cambiando de Firma, dos de ellos ya habían estado en tres compañías diferentes, por su parte, otro llevaba ya dos años trabajando en un banco, siendo explotado por unas míseras perras, otra iba a presentarse a una entrevista de trabajo la semana siguiente...por último, un estudiante de psicología admitió que su ideal sería quedarse en la universidad como profesor.
A excepción de este último, cuya decisión fue recibida con gran sorpresa, todos los demás eran el ejemplo de todo aquello que yo nunca desearía ser. Hombres uniformados cual máquinas y robots, obedeciendo ciegamente las ordenes de un superior, enclaustrados tras sus mostradores. Uno de ellos era un banquero: ¡El tipo que maneja el dinero de los demás, al mismo nivel que una máquina de refrescos o un cajero automático, un autómata tras una bonita corbata, cortesía de la Firma. Me parecía el estadio mas bajo al que puede llegar un ser humano, rebajado al nivel del dinero, por necesidad del mismo y por el excesivo contacto con el mismo. Con, por, gracias al dinero aquél hombre realizaba su vida.
Sentí lastima de muchos de ellos. Subordinados bajo una Firma que va por encima de su propio nombre. Ellos parecía encantados de ello. El mero hecho de su esclavitud autoimpuesta les daba la superioridad -el jefecillo de turno, o mejor aun, la compañía, como ser neutro e inanimado- a quién culpar por sus penurias: falta de tiempo libre, tener que viajar demasiado o hacerlo demasiado poco, trabajar demasiado, cobrar poco. Esa figura superior de la que dependen les permite esconderse tras la autocompasión. Su mediocridad no era la culpa de su malvivir, sino esa entidad superior. Hicieran lo que hicieran, nada dependía de ellos mismos. No habían tomado conciencia de su responsabilidad. Era el miedo; el miedo, a no poder comer, a no poder pagar la hipoteca, ni la gasolina, ni el coche, les mantenía en un continuo estado de trabajo. El miedo les tenía atados a la mayoría a sus posesiones, las cuales no hacían mas que aumentar. Todos deseaban poseer mas y mas, para verse mas unidos a aquello que decían odiar: el trabajo esclavizado y mecanizado ¡Cuan lejos se encontraban todos ellos de la libertad de espíritu que yo deseo profesar eternamente!
Cuando expresé mi idea de ser escritor y profesor de universidad al mismo tiempo, su sorpresa fue mayúscula. Todos ellos parecían abogar por algo mas práctico. La profesora me propuso que estudiara una segunda carrera mas práctica al mismo tiempo, algo que me diera dinero. Este es uno de los grandes errores de la masa. Asociar el dinero a lo meramente productivo. Productivo desde un punto de vista industrial. Aquello que no se puede apresar no se considera producción. La cultura no se considera económicamente viable, justamente porque ninguna compañía tiene derechos sobre ella. La libertad que adquiere aquél que se entrega a ella no es propiedad de nadie. Un monopolio poético es inviable, imposible. Puede existir un monopolio editorial o de impresión de libros pero nunca de la cosa en sí. La pasta de la que están hechas las civilizaciones va mas allá del dinero. Sin embargo no deja de ser algo netamente productivo. Un ejemplo: en EEUU el segundo negocio que mas divisas reporta después de la res militae es la cultura. Esto es la creación y la destrucción es lo que priva en el mercado. La creación y la destrucción es lo que privan en el mercado actual, y en de siempre. Por un lado lo bélico es el final de toda discusión razonada, de todo posible acercamiento cultural, es la polarización brutal en bandos del ser humano, la destrucción de las civilizaciones y el desmoronamiento de su modo de pensar; por otro lado la cultura es el acercamiento de las posturas, la discusión razonable y razonada, el tráfico de influencias y la forma mas desinteresada y pura del acercamiento entre los seres humanos. Estos dos elementos contrapuestos que no es nada más que la vida y la muerte de lo que llamamos cultura, es lo único que da dinero. Lo demás no es más que una corrompida especulación superflua y totalmente secundaria. Nada fuera del circulo de la vida y la muerte es productivo y destructivo, solo es especulativo, y como tál, como un conductor de energía, ni la crea, ni la destruye, solo la transforma, solo la mutila y la envilece según sus intereses de turno.
Todos los grandes descubrimientos del ser humano, sus evoluciones y mejoras respecto al resto de la fauna animal, no son nada más que elementos al servicio de lo antes mencionado o bien consecuencias de lo mismo: el pulgar opuesto, es el elemento de la aprehensión física, la capacidad reflexiva de la aprensión ideal, el habla la expresión de sentimiento, estados, pensamiento, conocimiento, etc. Esta es la aprehensión, la expresión, el intento de alcanzar lo apráctico, lo que no se puede expresar ni aprehender. Este es un camino impracticable, que es el del conocimiento, lleno de obstáculos, tropiezos, descansos, retrocesos. Este camino, da igual que seas un filósofo taxista alemán o un poeta enajenado, es un camino impracticable, pero fuera del mismo solo hay un lodazal de desconocimiento en el que uno puede gustosamente dejarse engullir.
Es un camino propio, donde no hay mas Firma que la propia, ni mas culpa, ni mediocridad, ni honor, ni ansiedad, ni miedo que el que uno se procura.
Que el mundo haga lo que le plazca, que yo, por mi parte, me preparo para salir por la bifurcación de la filosofía. Espero que no sea un callejón sin salida.