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Ayer acudí con una terrible cohorte de melenudos a tomar el teatro real. Por las buenas, dinero contante y sonante por delante, pero a tomarlo.
PERSONAJES:
Yo, representado por Yo
Cohorte, representado por Leo.
CONSIDERACIONES A PRIORI:
La opera es un espectáculo con potencial no desarrollado. Se encuentra en el campo musical, donde la armonía, la tonalidad y las voces han alcanzado lo sublime, pero de quererlo podrían dotar a sus personajes de un mayor dramatismo teatral y a los diálogos de un impacto poético. La Gesamkunstberg de Wagner traída al siglo XXI, con una mecano-revolución de la orquesta hacia el serialismo, John Cage, etc. Yo, por no tener a mano otro nombre, la llamaría opera katacroquet. Iría dirigida a un público menos rico rico y más culto culto. La finalidad ya no sería entretener, enthusiasmar y embelesar al espectador, mediante la katharsis de sus problemas exteriores, sino la creación de problemas, problemas insalvables. Se eliminaría el aplauso. En definitiva, un argumento menos rico rico y mas culto culto. Los escenarios tenderían al minimalismo, la simplificación de elementos, y la actuación de los cantantes a ir puliendo poco a poco el dramatismo hacia un distanciamiento no-emotivo de la música y el espectador. Se buscaría el contraste, la reflexión y el metalenguaje sin descuidar ni un momento la voz, evitando el tradicional sopor, engolosamiento y empastamiento de este arte.
Esa sería el tipo de opera que a mí me gustaría escribir (el libreto, claro). Si algún Berlioz o Donizetti del s.XXI está interesado que me lo diga.
APREHENSIO EMPIRIAE
(Teatro Real. Madrid. 20.00 del jueves 4 de diciembre de 2008)
Leo y yo sentados. Personajes secundarios sentándose, charlando, respirando fortísimo, ¿roncando?, dando propinas que no deberían dar (a lo mafioso) a aposentadores recibiendo propinas que no deberían recibir (a lo mafioso). Silencio. Luces fuera. Comienza Katia Kabanova de Leos Janácek. Decorado minimalista. Figurantes femeninas saltando por encima de una placa de agua. La acción se desarrolla en Rusia sobre un decorado móvil que traen y llevan las figurantes. Una mujer casada se enamora de un otro, llamado Boris, se lo termina confesando a su marido y expía sus pecados arrojándose al Volga, mientras Boris marcha a Siberia. Cantantes, nada del otro mundo. Música, gran orquesta, los verdaderos maestros de la escena. Primer acto. Segundo acto. Pausa. Tercer acto. Fin.
CONSIDERACIONES A POSTERIORI:
Me gustó la música de Janacek. Le considero un maestro mas que aceptable. No está a la altura de muchos otros. Pero el contraste creado, los saltos tonales y las pequeñas genialidades que consiguió introducir en la obra marcan la diferencia. El uso del arpa y de la percusión en ocasiones y sobre todo la gran actuación final en el 3er acto fue de lo poco verdaderamente digno de ser aplaudido. Sin embargo, no me pareció que Janacek estuviera rompiendo esquemas o que verdaderamente hubiera creado una opera del siglo XX. Repetía muchos esquemas del Romanticismo con ciertos elementos introducidos por contemporáneos suyos. Un profesional de la opera, esa sería su definición. La orquesta sabía que era la gran protagonista y estuvo a la altura de las circunstancias. Los cantantes, sin embargo, estuvieron muy por debajo del nivel de los instrumentos. Tal vez era el ruso, pero me parecía que se atragantaban, se mordían la lengua, tenían arcadas y se atropellaban al decir una línea. No me pareció que estuvieran, hablaban mas alto de lo normal. Decepcionante. Sus actuaciones estaban excesivamente teatralizadas, dramatizadas. Creo que hemos superado ese periodo histórico del llanto y los ademanes grandilocuentes (eso espero) y me gustaría que la actuación de los personajes fuera consecuente con el despliegue escenográfico y no que este último fuera un mero decorum, un mero ohquebonito en la boca del espectador, un mero gasto de dinero. El libreto era pura basura, y aquí acuso directamente al compositor de inútil, superficial, romanticoide e incompetente, pues él mismo lo escribió. Los diálogos eran para echarse a llorar.
Creo en la conjunción de tres elementos fundamentales: sonido, acción y luces. En ese orden. Sin embargo ayer Janacek tan solo destaco por las luces de las farolas de Madrid, el resplandor que el nombre de una institución pública (el Teatro Real) tiene y el brillo del dinero, machacantes, billetes y smokins, de todos aquellos venerables próceres y de dos chavales despeinados e inadecuadamente vestidos, que compraron su entrada al 60% de descuento.
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Contra la humildad
Hace 5 horas


3 comentarios:
Retiro lo que te dije ayer. No sigas la ópera (ni Haendel ni nada): no te va a gustar.
Quiero insistir de todos modos. Agripina si que me gustó. Wagner es también muy querido por mis orejas.
Tal vez no he insistido tanto en el plano puramente musical y orquestal (que es sin duda lo mas importante) de Janacek, pero no por ello no lo aprecio en su justa medida.
Es una crítica positiva. No te pongas tan radical.
¿A qué vestuario inadecuado se refire? ¿Iban vestidos de hombre-rana por mor de la lluvia?
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